lunes, 20 de noviembre de 2017

Paseando a Míster O & Company

El miércoles 22 de noviembre a las 20:00, presentaré el poemario "Paseando a Míster O" (Asoc. Noctiluca, 2017) en el Café-Bar Metáforas (C/ Mata, 20. Zona Alameda de Hércules). Estaré acompañado de los poetas Juan Cuevas, Lorenzo Ortega, Pepi Bobis, Carlos Torrero y Lola Crespo, así como de la actriz Lola Jiménez, que leerá el poema "Lorca acaba de morir hace 80 años" perteneciente al libro.

¡Nos vemos!

The biggest


Ay Búfala.
Ay Tora.
Rinoceronta,
pavota, catarata,
cangrejísima de espuelas.
Ay mi Rocío.
Equivocada en el nombre.
Estocada de lirios.
Qué no daría
y qué muerta -por Dios-
entre los adjetivos.

Iván Onia Valero

viernes, 17 de noviembre de 2017

Autobiografía


Como el náufrago metódico que contase las olas
que faltan para morir,
y las contase, y las volviese a contar,
para evitar errores,
hasta la última,
hasta aquella que tiene la estatura de un niño
y le besa y le cubre la frente,
así he vivido yo con una vaga prudencia de
caballo de cartón en el baño,
sabiendo que jamás me he equivocado en nada,
sino en las cosas que yo más quería.

Luis Rosales
Fotografía de Román Yñán

jueves, 16 de noviembre de 2017

Armonía


Oye cómo se aman los tigres
y se llena la selva con sus hondos jadeos
y se rompe la noche con sus fieros relámpagos.
Mira cómo giran los astros en la eterna
danza de la armonía y su silencio
se puebla de susurros vegetales.
Huele la espesa miel que destilan los árboles,
la leche oscura que sus hojas exudan.
El universo entero se trenza y destrenza
en infinitas cópulas secretas.
Sabias geometrías entrelazan las formas
de dulces caracoles y de ingratas serpientes.
En el mar hay un canto de sirenas.
Toca mi piel,
temblorosa de ti y expuesta a las espinas,
antes que el ritmo de mi sangre calle,
antes de que regrese al agua y a la tierra.

Piedad Bonnett
fotografía de Haley Bennett

miércoles, 15 de noviembre de 2017

Caballos funerales


El bisílabo adiós, como una fosa, es un recipiente rodeado de flores impropias y hierbas incalificables. Palabra hueca y de bronce en donde caben cubos de lágrimas; donde cabe la jauría muda del absurdo con sus cabezas mitológicas; donde cabe la pesadumbre con todos sus caballos viejos, uno tras otro, orantes, funerales. Es un despropósito de proyectos enviudecidos, de guiñapos de felicidad turbia de amenazas cumplidas, un depósito de la esperanza con sus pequeños, adorables muertos. Búcaro donde se sumergen las canas en silencio, como se sumen en su edad los insignificantes, semana a semana. El bisílabo adiós, como un invierno, aleja los pájaros y nieva toda la tarde y toda la noche y, al amanecer, la calle hiede a tristeza bamboleante.

Sea lo que sea lo que despedimos, nunca se dice adiós a nada más serio que la vida. Todo adiós es como un responso donde el cadáver participa en las letanías, pasando cuentas, sumiso y ritual. Es la lluvia increíble que moja la cara del mundo, la música enferma que abrasa la vida como una universal traición. Van caravanas de generaciones bajo una estrella que se llama adiós. Baja la estrella a los andenes, a los aeropuertos a las pensiones alquiladas por última vez. Y todo desvaría, perplejo, ante el vasto fenómeno que resquebraja a la alegría como en una familia incide una desgracia.

Bisílabo boreal, suave palabra tempestuosa: a veces te he empujado por mi garganta con la delicadeza que tenemos los neurasténicos, con la atroz cortesía de los irreparables solitarios. Te odiaba sin embargo, oh bronce vacío de clemencia, te odiaba desde mi pasado cuarteado, te aborrecía desde mis nietos, desde los próximos pobladores del mundo. Tú me negabas con tu presencia cósmica; yo te negaba con mi desconcierto, mi miedo, mi rencor. Es una enemistad inmemorial como el texto de un incunable. Pero te pronunciamos cortésmente, como aquellos que dejan de temblar segundos antes de ser fusilados: fuertes una vez y huérfanos del todo. Oh bisílabo adiós, eres violento e inexplicable como la crueldad, y el tiempo que no puede contigo, porque el tiempo eres tú. A ti, Guiomar, esta nostalgia mía.

Félix Grande

lunes, 13 de noviembre de 2017


Tu yo tuerto
tus ahoras
tus pequeñas verdades encerradas
Creí una vez que éramos ancianos
que se amparaban en abanicarse los ojos
en los días más calientes del año
Todos los días de un verano
a más de cuarenta grados
Pero para entonces hilabas el tiempo
con tu yo sí
ahora también
con tu cosa impía
más impía que las gárgaras de los ruines
y de los crédulos
Hilabas el tiempo
hasta encerrar mis labios en un lugar
apartado
lejos
desconocido de la divina suerte
que muerde la conciencia vaga
atípica e indirecta
antropomórfica
antropofágica
antropogangrenosa
antroponoquieroseguirestamuerte
Una vez dijiste que tenía
nalgas de merengue recién hecho
y caí en la cuenta
que con la belleza
sólo
se llega a ser más débil
Yo me llovía en tu cuerpo
-dicen que estoy aguada-
(me perdí todas las fiestas
adolescentes por usar gafas)
Al dejar pasar un día de animal
no calé en ti
No calé
(Me pasaron la mano por torpe
Me dieron frío tus huesos)
Fui muda
para no estancarte
para destronar
tu ombligo
tu yo de otras
para creer en
tus intentos por hacerte
rey en un mundo inverso
agotado hasta ser
un sucio intento panta rei
oligofrénico
idiot-savant
Fui cayendo de vez en vez hasta toparme
con tu saliva indecente
Capricho
monstruo de cien brazos
Tu gana constante
de hacer de mí
resto de tiza
o polvo
o tiempo
Probé suerte con un disfraz
y maquillé todas las sábanas
creciendo en tu encuentro
en las buenas noches
en el me alegra volver a verte
Eso me recordó la impotencia de ser libre
(Me reí una vez de los tontos)
(En el colegio me detectaron la rabia)
Pasé dos noches ahogada
en mis propios dedos
gélidos
de agua fétida
La lluvia nos hizo fuertes
pero cogimos un tren esquivo
llevándonos más allá
de la inconsciencia
de la ciénaga pudriéndose en la espalda de otros
del gorjeo del verbo como principio activador
de todas las cosas
Me protegiste de los malos
presagios
pero no me enseñaste que a veces
hay que cerrar los ojos
a la gran colmena que atrapa el mundo
y que nos alimenta a través
del ansia ajena
Me dijiste hay una moneda de cambio
pero al palpar mis manos
sólo encontré una oquedad más muerta
que mis propios latidos
que tus días impares
y tus versos maltrechos


Adriana Schlittler Kausch

sábado, 11 de noviembre de 2017

Que no pare la música



Gracias a eso vivimos
FRANCISCO UMBRAL

Nos morimos. Sabedlo.
En realidad somos vivos en diferido. Hacemos el camino trazado
por alguien hasta las tumbas, pero la ruta es la crónica de un
periodista celestial, la paz azul de una gitana descifrándonos las
manos, mientras jura por el Señor de la Salud y escupe nuestra
suerte en el empedrado.

Es cierto; bailamos, memorizamos los mapas que unen el corazón
a la montaña, masticamos la harina de las que están hechas todas
las cosas. Somos verticales, somos horizontales, dialecto y catedral,
arpas eléctricas, este instante que tarda la línea en leerse, la música
de todo.

Somos tanto el ruido.

Si nos callásemos diez segundos podríamos escuchar a la muerte creciéndonos
por dentro, como un infante malcriado. Por eso el fonema,
el hedor a lenguaje, la combustión de los lunes, la Obertura de
Tannhäuser, la Novena. Por eso casamos al cuchillo y al cerdo en la
bujía del alba. Por eso no nos bastaba el fuego, sino que tuvimos que
explicarlo contra la tiniebla, y al abrazo contra las preguntas, y agosto
contra los cipreses.

Inventamos esta cacharrería de amor y furia como un botón que
abrochara al silencio.
Gracias a ese ruido vivimos.


Iván Onia Valero, de Paseando a Míster O (Noctiluca, 2017)

jueves, 9 de noviembre de 2017


La piedra es un espejo que funciona mal. Nada
en ella sino penumbra. Tu penumbra o la suya, ¿quién
sabe? En la quietud de tu corazón suena como un grillo
negro.

Charles Simic