martes, 16 de enero de 2018

Alguien


Un hombre trabajado por el tiempo,
un hombre que ni siquiera espera la muerte
(las pruebas de la muerte son estadísticas
y nadie hay que no corra el albur
de ser el primer inmortal),
un hombre que ha aprendido a agradecer
las modestas limosnas de los días:
el sueño, la rutina, el sabor del agua,
una no sospechada etimología,
un verso latino o sajón,
la memoria de una mujer que lo ha abandonado
hace ya tantos años
que hoy puede recordarla sin amargura,
un hombre que no ignora que el presente
ya es el porvenir y el olvido,
un hombre que ha sido desleal
y con el que fueron desleales,
puede sentir de pronto, al cruzar la calle,
una misteriosa felicidad
que no viene del lado de la esperanza
sino de una antigua inocencia,
de su propia raíz o de un dios disperso.

Sabe que no debe mirarla de cerca,
porque hay razones más terribles que tigres
que le demostrarán su obligación
de ser un desdichado,
pero humildemente recibe
esa felicidad, esa ráfaga.

Quizá en la muerte para siempre seremos,
cuando el polvo sea polvo,
esa indescifrable raíz,
de la cual para siempre crecerá,
ecuánime o atroz,
nuestro solitario cielo o infierno.

Jorge Luis Borges

lunes, 15 de enero de 2018

Danza caníbal #6


Europa ven y quítate ese traje
Tu capa de sangrienta pedrería
Tu corona y tus sucios coloretes

Tu túnica tus botas tu asquerosa
Corbata de billetes y crustáceos
Tus diademas rellenas de gasoil

Europa apunta con sus catalejos
Y sólo ve los restos de una fiesta
De espejitos y charcos y cadáveres

Europa recogió su enorme cola
De animal imaginario y es Europa
Un virus un fusil y una barraca

Europa es un hipódromo vacío
Se ducha se perfuma y sigue oliendo
A estiércol a dinero y a desahucio

Europa brinda con el vaticano
Sacude sus banderas hierve su agua
Luego cambia sus fichas por dinero

Europa siempre es barro y siempre es leche
Europa siempre es hierro y siempre es óxido
Europa siempre es macho y nunca es hembra

Europa es carnicero y descuartiza
Un cordero pequeño de plutonio
Mientras limpia su faca en el atlántico

Es un pez que visita el hospital
Es un triángulo lleno de estadísticas
Es un sapo croándole a un avión

Es un muermo es mi pan es una daga
Una fiera sin dientes una arteria
Por donde apenas fluye la memoria

Europa es una iglesia bocabajo
Un enano con culo de gigante
Un pastel que se enfría en la cocina

Es un globo de piedra es una ráfaga
De ventisca en el ulster y una rata
Con tres ojos que gime en estambul

El mar muerto le asusta y su lenguaje
Le suena a copla antigua a estalactita
Por eso mira al cielo y no responde

Europa no es europa es un hexágono
Un tumor una almena un perro sucio
Europa es la basura de otra europa

No quiero ser europa ni que europa
Me reclame me lama ni me anude

No quiero ser europa ni poeta

Y aquí cierro mi boca y ya me callo:

No quiero ser europa si no he sido
Pastor que huele a góngora y a cabras

Miguel Ángel García Argüez

domingo, 14 de enero de 2018

Mortal y rosa


¿Las oyes cómo piden realidades,
ellas, desmelenadas, fieras,
ellas, las sombras que los dos forjamos
en este inmenso lecho de distancias?
Cansadas ya de infinidad, de tiempo
sin medida, de anónimo, heridas
por una gran nostalgia de materia,
piden límites, días, nombres.
No pueden
vivir así ya más: están al borde
del morir de las sombras, que es la nada.
Acude, ven conmigo.
Tiende tus manos, tiéndeles tu cuerpo.
Los dos les buscaremos
un color, una fecha, un pecho, un sol.
Que descansen en ti, sé tú su carne.
Se calmará su enorme ansia errante,
mientras las estrechamos
ávidamente entre los cuerpos nuestros
donde encuentren su pasto y su reposo.
Se dormirán al fin en nuestro sueño
abrazado, abrazadas. Y así luego,
al separamos, al nutrirnos sólo
de sombras, entre lejos,
ellas
tendrán recuerdos ya, tendrán pasado
de carne y hueso,
el tiempo que vivieron en nosotros.
Y su afanoso sueño
de sombras, otra vez, será el retorno
a esta corporeidad mortal y rosa
donde el amor inventa su infinito.

Pedro Salinas
fotografía de Patricia Weibel

viernes, 12 de enero de 2018

I started a joke


I started a joke
which started the whole world crying


Como a la luz de los últimos tragos
sabe la oscuridad tomar relevo.

He aprendido a subirme las solapas
y a abrocharme el último botón
cuando todo se va abriendo a mi espalda
con la hojalata del amanecer.

A duras penas he aprendido a andar
sobre la recta púrpura -navaja
del día y de la noche- pero ya
el olor del café recuerda al de
la placenta y los taxis que te daban
conversación de amigo fingida,
saben cegarte de velocidad
en esta hora, igual que pálidos huevos
que vienen y van de los hospitales.

Es veloz comprobar también que no
estamos solos como creíamos,
que la mañana se puebla de voces duras
y empiezan a cobrar sentido los
guiños acostumbrados del semáforo.

Hay lugares comunes floreciendo
del centímetro de voz en la radio:
gotas de lluvia, índices de sangre
y viceversa, todo sin castigo,

y mi sonrisa -araña y levadura-
también regresa para abrir el día
como si no pasara nada. Vuelve
la alegría de aquel que nunca supo
soportar la tristeza de los otros,
el que camina desde las tinieblas,
desde la soledad ámbar del hielo
para que este reloj siga escupiendo
afuera un gramo más del invierno.

Iván Onia Valero de Galería de Mundo y Olvido (Ediciones en Huida, 2013)

miércoles, 10 de enero de 2018

Lo perdido


¿Dónde estará mi vida, la que pudo
haber sido y no fue, la venturosa
o la de triste horror, esa otra cosa
que pudo ser la espada o el escudo
y que no fue? ¿Dónde estará el perdido
antepasado persa o el noruego,
dónde el azar de no quedarme ciego,
dónde el ancla y el mar, dónde el olvido
de ser quien soy? ¿Dónde estará la pura
noche que al rudo labrador confía
el iletrado y laborioso día,
según lo quiere la literatura?
Pienso también en esa compañera
que me esperaba, y que tal vez me espera.

Jorge Luis Borges

martes, 9 de enero de 2018

Arte de la poesía


Implacable desprecio por el arte
de la poesía como vómito inane
del imberbe del alma
que inflama su pasión desconsolada
de vecinal nodriza con eólicas voces.

Implacable desdén por el que llena
de rotundas palabras, congeladas y grasas,
el embudo vacío.

Por el meditador falaz de la nuez foradada,

por el que escribe ¡ay! y se pone peana,

por el decimonónico, el pajizo, el superfluo, el obvio,

por el que anda aún entre seres y nadas
flatulentos obscenos,

por el tonto tenaz,

por el enano,

por el viejo poeta que no sabe
suicidarse a tiempo debajo de su mesa,

por el confesional,

por el patético,

por el llamado, en fin, al gran negocio,

y por el arte de la poesía ejercido a deshora
como una compraventa de ruidos usados.

José Ángel Valente

lunes, 8 de enero de 2018

Los dueños de la playa


Al mar se va sólo en los libros, o cuando se quiere metaforizar con lo
oculto, lo llano o con los metales del invierno.
Todo lo demás, este predio de banderas de Coca-Cola y semen de
Urano se llama la playa y es patrimonio de un presente puro,
destilado, químico si se quiere. Pero ya nunca vuestro, escoria, senectud
corriendo detrás de las edades perdidas; bien persiguiendo la
verdura de los cuerpos púberes, bien levantando la efigie de vuestra
propia infancia ¡arquitectos de lo enclenque! Con malolientes redes
de pulpo intentáis aún atrapar el agua de cuando fuisteis los equilibristas
morenos del horizonte.
Es de nosotros la playa, que aún tenemos branquias y somos
la sinestesia y la fibra.
Id al mar vosotros, poetas de la mierda, a morir de pena y literatura,
buscando en estos andamios adolescentes cómo erais aquellos días.

Iván Onia Valero, de Paseando a Míster O (Asociación Noctiluca, 2017)

domingo, 7 de enero de 2018


Ojalá mi vida fuera una carreta de bueyes
que se acerca, chirriando, de mañanita, por el camino,
y que vuelve después al sitio del que ha venido,
de nochecita, por el mismo camino.

Yo no tendría que tener esperanzas: sólo tendría que tener
ruedas…
Mi vejez no tendría que tener arrugas ni pelo blanco…
Cuando ya no sirviera, me quitarían las ruedas
me quedaría volcado y roto en el fondo de un barranco.

Alberto Caeiro